Estacionar
Aparcar.
Aparcar.
SU CASA.
Cordón de zapato.
Mi primer contacto consciente con esta palabra tuvo lugar en la televisión. En algún canal de TELEVISA estaban anunciando una nueva telenovela, “agujetas de color de rosa”. De por sí, el término DE COLOR DE ROSA suena entre infantil, afectado y anticuado, por lo que pensé que se trataba de algún tipo de telenovela rosa con colegialas a granel perdidamente enamoradas del equipo de fútbol de la escuela de muchachos vecina. Eso o alguna otra majadería de semejante catadura, con Romeos y Julietas, buenos y malos, lágrimas por doquier, y un argumento tan inverosímil como interminable, centrado en los padecimientos de algún CHAVO y consecuente espíritu maternal de alguna CHAVA. Estúpido y descabellado, pero cosas más raras se han visto en la televisión mejicana. El anuncio lo vi en varias ocasiones, y siempre me llamaba la atención lo radicalmente bobo del nombre. Así que, finalmente, un buen día lo comenté con alguien. Resultó que, como intuí, la novela tenía un trasfondo colegial y, además, su guión era un ejemplo de sandez y falta de consistencia, incluso comparado con la telenovela media. Tan mala era, que no duró mucho tiempo y seguramente no pasará al catálogo de exportación de TELEVISA.
Sin embargo, el nombre sí tenía sentido. Las AGUJETAS a las que aludía el título, eran los cordones o lazos de unas zapatillas de ballet de la protagonista. AGUJETA era, de hecho es, sinónimo de cordón de zapato.
Después de esta experiencia traumática me di cuenta de que, efectivamente, lo de AGUJETA es un término común y totalmente aceptado. Tanto que hasta el mismísimo Presidente de la República pudiera llegar a usar en público, y seguramente usa si se tercia la ocasión, sin el más mínimo pudor. El hecho de que el programa de televisión hubiera usado el adjetivo DE COLOR DE ROSA no implicaba que las AGUJETAS tuvieran de ser colores o sólo para zapatillas femeninas.
Lo anterior dio pie a la pregunta inevitable. Si una AGUJETA es un cordón, ¿cómo se dice “agujeta”, el dolor muscular?. Resulto que, en el habla del mejicano común, las “agujetas” no son algo tangible, algo con nombre propio. Quien las sufre, ESTÁ ENVARADO, pero no tiene nada especial.
“Llevas sueltas las agujetas”.
Ver CASI IGUAL.
Lluvia fina y pertinaz, chirimiri, orballo, calabobos.
Por alguna misteriosa razón que no he logrado esclarecer, la AGUANIEVE mejicana no tiene que llevar necesariamente nieve en su composición.
Tal vez la nombre venga del frio que se pasa cuando uno se cala, como cualquier bobo, con este tipo de lluvia que moja más que un chaparrón tropical.
Ver CASI IGUAL, CHIPICHIPI, CHAHUISTLE.
Azafata.
Ver CASI IGUAL.
Entrar en una nave o embarcación, embarcar.
Se trata de un verbo intransitivo. Una persona puede ABORDAR el avión que lo llevará a MONTERREY, pero su maleta será cargada o embarcada.
Esto de ABORDAR a mi me suena a tomar al asalto un bajel pirata o un galeón turco. Pero no hay violencia en el ABORDAR mejicano. Da la sensación de que el significado que esta palabra ha adquirido en Mejico se debe a alguna mala traducción primigenia. Ante la tesitura de encontrar el equivalente de “boarding” el traductor de turno encontró más fácil decir ABORDAR que embarcar. Y así se quedó.
Por lo demás, en Méjico como en España se puede abordar un tema en una conversación, o a alguien en la calle.
Ver CASI IGUAL, PASE DE ABORDAR.
Lucha o esfuerzo para la reducción o eliminación de una lacra.
Ver ABATIR, CASI IGUAL.
Reducción.
Ver ABATIR, CASI IGUAL.